lunes, 30 de julio de 2012

Nuestros hijos como reflejo del YO que ansiamos ser

No tengo nada en contra del mundo moderno, el desarrollo humano y la creación de riqueza; todo lo contrario, me siento maravillada y agradecida de haber nacido en esta época.

Sin embargo, si estoy en contra de los padres que utilizan a sus pequeños hijos como instrumentos para realizar los sueños y las metas que a ellos les fueron inalcanzables.

La mayoría de los niños hoy en día son un reflejo del Ego de los padres. Debo aclarar que soy madre de un niño de 10 años y trabajé vendiendo y distribuyendo juguetes, por lo que sé bien de lo que hablo.

Desde que mi hijo nació me vi expuesta a la insana competencia de padres contra padres de exponer a sus hijos como pequeños trofeos de sus Egos. ¿Tu hijo está en clase de estimulación temprana? ¿A qué escuela o colegio vas a enviarlo? ¿A qué edad lo vas a enviar al Kinder? ¿Lo has inscrito en actividades extracurriculares? ¿Ya sabe nadar? ¿Va al fútbol, Karate, Aikido? ¿Arte, música? Etc., la lista es interminable como interminables son las sugerencias de los bien intencionados padres que te recomiendan una lista de lugares y personas para que los niños se mantengan ocupados.

Ahora, me pregunto, ¿Es necesario eso? ¿No es la tarea del niño jugar y aprender jugando?

Recuerdo claramente, como si fuera ayer, un día cerca de navidad en el que me encontraba en mi tienda platicando con una cliente. Una entusiasta madre que estaba esperando a que termináramos de empacar los regalos que había comprado para su pequeña de 6 años. Esa madre joven, moderna, trabajadora me dice que “era una lástima que los niños recibieran todos esos regalos en navidad y ni siquiera jugaran con ellos”. Violando todas las reglas de marketing de que el cliente siempre tiene la razón;  me atreví a preguntarle cuál era el horario de su pequeña hija en una semana normal. La madre me respondió muy orgullosa “Va a la escuela de 7:30 AM a 2:00 PM luego la llevo al ballet y los martes y jueves  tiene adicionalmente clase de piano. Los viernes va a clase de pintura y normalmente hay alguna fiesta de cumpleaños de algún niño de su salón. Al regresar tiene que hacer la tarea que le lleva varias horas y se va a la cama a las 8:30 PM. Los sábados va a clase de natación por la mañana y nos acompaña a nuestros eventos sociales o bien la llevamos a visitar a los abuelos y a los tíos, el domingo salimos al cine y a almorzar con la familia.” La ví seriamente y le pregunté, ¿A qué horas juega? La pobre madre puso una cara de sorpresa como si yo le hubiera preguntado una blasfemia.  ¿Es esa la madre que hace pocos minutos se quejó conmigo de que los niños no juegan?  ¿A qué horas pretende esa madre que su hija juegue con el horario que le lleva? ¡La niña tiene 6 años! ¡Seamos realistas! A esa edad son pocos los niños que han desarrollado un talento natural para algo y son pocos los que en realidad quieren pasar 3 horas ensayando ballet todas las tardes y hasta más horas cuando están cerca de los recitales, que además, les cuestan una fortuna a los padres. Y esos bellos juguetes quedan almacenados junto con la infancia y los
sueños de los pequeños.


Estoy casi segura de que la madre y el padre de esa pequeña la lucen como un trofeo ante sus familiares y amistades y se sienten orgullosos de que la pobre niña no tenga ni un minuto sin hacer nada y encontrar su verdadera vocación.  Posiblemente esa madre ansiaba ser bailarina profesional y el padre jugar en la liga mayor de fútbol o bien ir a las olimpiadas.

¿Que hubiera sido de Albert Einstein si hubiera tenido ese horario tan apretado? ¿O de Newton que se pasaba sin hacer nada por días consecutivos solo observando? ¿Qué sería de este mundo civilizado del que nos sentimos orgullosos si a los niños de la antigüedad en vez de observar, ser, estar y crear les hubiéramos dicho todo lo que debían hacer, pensar y hasta que les debía gustar?

No arruinemos las oportunidades que tienen nuestros hijos de exceder en el mundo al tener creatividad propia e imaginación, no les arrebatemos la niñez, dejemos que jueguen con sus juguetes, que jugando se aprende. El mejor juguete para un niño es la caja de cartón en la que viene el juguete y  que tiene infinitas posibilidades por descubrir.

Estos competitivos padres solo están creando niños que el día de mañana tendrán una codependencia absoluta y un miedo a la soledad que los hará terminar seguramente en relaciones adictivas, por el simple hecho de no querer estar solos o sin nada que hacer, porque la idea de no hacer nada o no estar con nadie será aterradora para ellos.  Profesionales mediocres que no van a buscar la excelencia o hacer cosas nuevas porque no saben cómo hacerlo, porque siempre les han dicho qué hacer y han llevado una vida planificada.

Dejemos de alimentar nuestros Egos a través de nuestros  hijos y démosle la oportunidad a ellos de descubrir quiénes son y qué quieren. Apoyémoslos cuando sea su decisión propia; pero no les impongamos nuestros propios deseos no satisfechos o vivir las vidas que hubiésemos deseado vivir.

Si deseamos que nuestros hijos sean algo el día de mañana dejémoslos Ser.

Imagen tomada de http://oddemail.com/flowers-and-kids-cute-pictures/

miércoles, 25 de julio de 2012

El sacrificio del Yo

El ideal máximo desde el punto de vista religioso es el sacrificio del Ego. Muchas de las corrientes New Age hablan de lo mismo; ser uno con la conciencia superior, "consciousness" (ver Deepak Chopra por ejemplo). El comunismo también nos habla de sacrificar el individuo por la Comunidad.

Eso suena interesante y fascinante. Pero, ¿puedo yo dejar de ser Yo?
Estas son preguntas y respuestas demasiado esotéricas, a excepción del Comunismo, que claro, ya fracasó. El colectivismo solo trajo pobreza, muerte, hambre etc.
Pero volvamos al yo, ¿Puedo convertirme en el todo sin antes ser yo? ¿Sin antes saber quien soy yo? ¿Esto no les recuerda al conflicto interior que vivimos a diario?

Si no pertenecemos a nosotros mismos; no podemos pertenecer a nadie ni a nada y mucho menos convertirnos en algo que no somos. Primero debemos de llegar a ser nosotros mismos y convertirnos en lo mejor de nosotros mismos.

¡Mucha gente vive muerta en vida! Se la pasa pensando en cuando llegue ese momento, esa fusión con el ser o entidad supremo y deja el yo y el ahora.

¿Es eso vivir? Yo estoy viva y mientras lo esté, seguiré valorando mi yo, mi individualidad, mi vida, mi libertad, mi persona y no me sentiré cómoda pensando que me voy a convertir en alguien más que no sé claramente quien o que es. 

Dejemos de pensar en el más allá y concentrémonos en el hoy, en el ahora y en vivir una vida plena.

Segunda oportunidad

Llegué temprano a la cena, algo poco usual para mí, prefiero llegar tarde y así tener una excusa para socializar con menos personas y q...