viernes, 30 de agosto de 2013

Perder a un amigo fiel y la ironía de los tiempos modernos





“Hasta que no hayas amado a un animal, una parte de tu alma estará dormida”. Anatole France

Hace una semana perdí a una amiga fiel, mi perra Nissa de 12 años.  




En el año 2001 decidimos incorporar a la familia a la pequeña Nissa, una cachorrita chihuahua. Desde pequeña fue una buena cuidadora, ruidosa como es característico en la raza, pero sobre todo muy cariñosa y maternal.




Cuando mi hijo nació, lo adoptó como propio y no dejaba que nadie se le acercara, lo protegía ferozmente, a pesar de su tamaño, lo cual no era siempre bien recibido, pero era “su trabajo” y lo cumplía a cabalidad.
Su instinto materno no terminó ahí, todas las mascotas que tuvimos contaron con su protección, una perica africana (Lovebird) solía pasearse en el lomo de Nissa.  Y podría decirse que crió a los dos gatos que se unieron a la familia años más tarde.  El mayor de los gatos, Gilbert, estoy convencida de que sufre trastornos de personalidad, porque se comporta como perro. Cuando llaman a la puerta, él es el primero en llegar al lado de la puerta y esperar al visitante para luego olfatearlo.  Nissa siempre fue muy cariñosa con los niños, cosa extraña para un Chihuahua, y era afectuosa con todos sin ser abusiva (detesto el perro que se le sube a cualquiera encima; a las mascotas se les puede y debe educar).  




Desgraciadamente, Nissa enfermó de insuficiencia renal y falleció hace una semana. Enfermó de un día para otro (o al menos sus signos fueron evidentes solo hasta el final), la interné de emergencia en un Hospital Veterinario, donde fue trasladada al intensivo y falleció en menos de 24 horas.




Me duele mucho pensar que no estuve con ella en sus últimos momentos, pero en el Hospital Veterinario fueron muy profesionales, y me llamaron todo el tiempo para decirme cual era su estado y me explicaban los resultados de los exámenes de laboratorio, radiografías etc. Le inyectaron medicina para el dolor, le colocaron oxígeno, e inclusive esteroides para que respirara mejor. En casa, si bien hubiera muerto acompañada, habría sufrido de mucho dolor y es lo único que me consuela el no haber podido estar a su lado.




Cuando me llamaron para darme la noticia, me dio un dolor inmenso y se me pasaron por la cabeza innumerables recuerdos. Luego de que la persona muy profesionalmente me dió la noticia y sus respectivas condolencias, me preguntó qué pensaba hacer con el cuerpo de la perrita. Cuando vió que mi respuesta fue una pausa de silencio, me dijo que ella podía ayudarme con los servicios funerarios y comenzó a detallar los servicios que el Cementerio de Mascotas puede ofrecer. En ese momento y luego de recibir el shock y pensar como le daría la noticia a mi hijo, mi cerebro sólo procesaba palabras sueltas, como: servicio funerario, velación, cremación, entierro, bosque… De repente volví en sí y casi me suelto una carcajada. ¡Esta mujer tiene que estar bromeando! ¿O no? ¿Cremación presencial? Yo tengo que haber escuchado mal. Quede en que le devolvería la llamada más tarde y que pensaría mis opciones, todo el asunto por triste que era, no dejaba de darme mucha risa.




De niña crecí rodeada de mascotas, desde las más mundanas a las más exóticas (zorros, tigrillos, perros, gatos, conejos, peces, aves, tortugas etc), y cómo crecí en una granja, cuando estas fallecían, hacíamos un agujero en la tierra y las enterrábamos.  




Cuando la periquita de mi hijo falleció hace algunos años, recuerdo haber estado en esa misma encrucijada, hasta que una amiga me dio la solución, “ve a tirarla a un lago”, me dijo. Ese día eran elecciones presidenciales en Panamá, donde precisamente ganó el actual presidente. Así que tomé el carro con mi hijo que lloraba amargamente por su periquita, y la colocamos sobre un pequeño pedazo de cartón, al llegar al lago, nos despedimos de ella y la dejamos ir en el agua. Claro que no pudo ser entierro Vikingo porque había que prenderle fuego y eso si era contaminar el lago y seguramente hubiéramos sido arrestados o como mínimo, multados. En ese lago hay suficientes cocodrilos, así que no me siento culpable de contaminar ningún lago, seguro fue un pequeño bocadillo para ellos, además que una perica africana es tan pequeña como un ratoncito.




Sin embargo los tiempos han cambiado, ya no vivo en un Edificio;  ahora vivo en una casa en la ciudad, y si bien tiene un patio agradable, no tengo un jardín y tampoco me agrada la idea de enterrar a nadie en el jardín aunque lo tuviera. Por pequeña que sea la chihuahua, no es un pajarito,  por lo tanto quedó descartado cualquier funeral acuático. Tampoco se me hacía humano, tirar a la basura el cuerpo de mi fiel amiga y compañera.  
Así que opté por el servicio de cremación no presencial ¿A quien se le ocurre estar presente cuando la incineren?




Al día de hoy el conflicto es donde iré a tirar las cenizas, llámenme supersticiosa, pero yo no quiero ningún tipo de muerto cerca de mi casa. Así que no pretendo guardar ninguna ceniza.
Nissa era  Panameña así que no tengo ningún lugar que para ella haya sido especial en Guatemala, acá vivió tan sólo dos años. Mi hijo la ha llorado mucho, así que algo simbólico quisiera hacer por él.  
Quizás el Volcán de Pacaya sea un buen lugar, yo le tengo mucho respeto a los volcanes y el valle del Pacaya está lleno de ceniza, así que hace mas sentido. Y subir el volcán es siempre una aventura.




Definitivamente y por irónico que esto suene, en estos tiempos modernos hay que estar preparado hasta para el funeral de una mascota. Generalmente no es algo en lo que pensamos cuando  decidimos traerlos a nuestro hogar, pero estos pequeños animalitos llegan a ser parte de la familia. Y no digamos el fondo de previsión económica que hay que tener para cubrir sus gastos médicos cuando se enferman, en Nissa gasté  más dinero que con cualquier emergencia médica de mi hijo , que a diferencia sí es cubierta por un seguro médico.




“El perro promedio es mejor persona que la persona promedio”. Andy Rooney


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