martes, 12 de agosto de 2014

Robin Williams, 21 de julio de 1951 – 11 de agosto de 2014


La noticia del fallecimiento del actor Robin Williams a sus 63 años, ha sido una noticia que ha consternado y entristecido a muchos, tomado por sorpresa a la mayoría y ha dejado al mundo del espectáculo con un vacío.  ¡Se ha ido uno de los grandes!
Robin Williams nos hizo reír en Mrs. Doubtfire, reflexionar en Dead Poets Society, meditar con Good Will Hunting y What Dreams May Come. Solo por mencionar algunas de sus películas.
Sin embargo su vida no fue un cuento de hadas, la vida del actor estuvo marcada por la adicción a la cocaína, el alcoholismo y la depresión.  Sumado a una operación de corazón en el 2009, podemos concluir que su vida no fue fácil y por ende no es de extrañar que terminara en un suicidio.
Su conocida frase, nos da indicios claros de lo que fue su vida y de cómo se sentía. Yo misma me he sentido así, y no hay peor sentimiento que sentirse solo, estando en compañía.
La depresión, las relaciones adictivas y el abuso de sustancias son muy comunes hoy en día. Una gran mayoría de personas no buscan ayuda, y la ironía es que es más aceptado socialmente tener estos problemas que buscar ayuda.
Buscar ayuda, demuestra en nuestro medio una “debilidad”.  Se ha vuelto una cuestión de orgullo, “yo no necesito ayuda, estoy bien”, suelen decir los más necesitados. Este es a mi criterio un acto de cobardía al no querer enfrentar y aceptar nuestros problemas y sobre todo no querer reconocer que necesitamos ayuda.
Cada persona es un mundo en sí mismo, y todos enfrentamos nuestros propios retos y  demonios, día tras día; es parte de vivir.
Las personas más felices que conozco son aquellas que enfrentan con valentía sus problemas y reconocen cuando necesitan ayuda, pero sobre todo viven un día a la vez, dejando por un lado la nostalgia del pasado y la ansiedad del futuro. Enfocándose en lo maravilloso que es el HOY.
Esto no es fácil, es un proceso de crecimiento y aprendizaje individual. A mi me gusta creer que es parte de la llamada “Alquimia de la vida”,  en donde debemos liberar el cuerpo del alma para luego poder volver a reunirlos en la esencia de lo que verdaderamente somos, e iniciar el largo camino de perfeccionarnos a nosotros mismos. Esto sucede cuando descubrimos que todo viene de nosotros y nosotros somos la fuente de nuestro propio destino, y de nuestra propia felicidad.

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