domingo, 12 de abril de 2015

Tradiciones

Llamó mi atención el hecho de que varias personas se mostraron sorprendidas al saber que el Viernes Santo, había hecho una alfombra de aserrín para la procesión del Santo Entierro de la Iglesia de la Recolección.
La mayoría de personas que me conocen saben que no soy una persona religiosa y no simpatizo con las religiones organizadas. Así que en parte es justificable su sorpresa al saber que participo en la elaboración de una alfombra en un día tan solemne como es el Viernes Santo.
La razón por la que hago una alfombra de aserrín el Viernes Santo, es porque amo las tradiciones y considero que son ellas quienes nos enriquecen como país, ayudándonos a crear una cultura de nación que tanto necesitamos.
Ese día nos reunimos en casa de mi mamá con un grupo de amigos. Siendo honestos aun nos falta mucho por aprender, este es nuestro tercer año consecutivo haciendo nuestra alfombra y aunque hemos mejorado, somos la alfombra más sencilla (minimalista) de la cuadra. Los vecinos hacen verdaderas obras de arte. (mi amigo Luis Figueroa en su blog describe nuestra experiencia muy claramente).
Luego de realizar la alfombra, almorzamos todos juntos el tradicional Bacalao a la Vizcaína, curtido, arroz blanco y torrejas de postre.
A la hora de la procesión, me dejo llevar por lo solemne de la misma. El traje de la hermandad de los recoletos me recuerda a los caballeros templarios de las cruzadas y el sonido de la banda me transporta a otro lugar. ¡¿Como no enamorarme de las procesiones y querer contribuir con ellas?!
El diccionario de la Real Academia Española define la palabra tradición como “la transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc., hecha de generación en generación,. Conservada en un pueblo por transmisión de padres a hijos”.
Son esas tradiciones las que forjan la identidad de los pueblos y transmiten su conocimiento y su esencia de generación en generación.
Analicemos el ejemplo del pueblo judío, uno de los pueblos más perseguidos a lo largo de la historia. Es sorprendente que después de todas las persecuciones y humillaciones además de el Holocausto del siglo XX, ellos florecieron más fuertes que nunca. ¿Cómo han logrado no perder su identidad? Yo respondería en una sola palabra: tradiciones.
El Sabbat (Shabat) es la tradición judía que inicia todos los viernes al atardecer y termina el día sábado, al momento de la aparición de tres estrellas en el firmamento.
Según la Torá, ese día debe de haber una abstención de realizar cualquier trabajo. Las familias se reúnen todos los viernes para la cena del Sabbat, una cena en la que ponen tanto empeño y tradicióncomo lo hacen los cristianos el día de Navidad. Sin embargo ellos lo hacen durante los 52 días al año.
Dependiendo que tan religiosa sea la familia, es el nivel de observancia que le prestan. Algunos se abstienen por completo de manejar, operar cualquier tipo de electrodoméstico, inclusive utilizar un elevador. Asisten a la Sinagoga, encienden velas y realizan una oración antes de comer el tradicional pan de Sabbat, conocido por los nombres de Jalot, Challah, Jalá (es un pan de huevo, muy sabroso). Las familias menos religiosas, se reúnen de igual forma en el Sabbat como una forma de mantener ese vínculo con su identidad y sus tradiciones, o simplemente convivir con la familia. Me atrevería a decir que ha sido gracias al Sabbat que el puedo judío ha logrado sobrevivir y mantener su identidad moral y espiritualmente. Es ahí donde los niños aprenden lo que significa ser un judío.
Por eso es que valoro y en la medida de lo que puedo, observo, nuestras tradiciones. Me sentí feliz este año, cuando mi hijo de 13 años se mostró emocionado al saber que haríamos nuevamente la alfombra (estoy casi segura de que su motivador principal es comer Bacalao) y me di cuenta de que para él, el Viernes Santo, ya significa algo: tradición.
Tradiciones como nuestras alfombras de aserrín, nuestras procesiones, los barriletes de Sumpango, el Fiambre y la Quema del Diablo (antes de que me digan que la Quema del Diablo contamina; contamina más un camión, un bus, una moto o un carro que pasa tirando dióxido de carbono Co2, los 365 días del año), nos ayudan a desarrollar la identidad de país que tanto necesitamos.
Los guatemaltecos tenemos una necesidad muy grande de generar una identidad nacional, sentirnos orgullosos de lo que tenemos y de quienes somos. Y por eso, debemos enseñar a nuestros hijos a respetar, valorar y conservar nuestras tradiciones.
**Agradezco a Raúl Contreras y José Eduardo Valdizán por proporcionarme dos de las imágenes que aparecen en la galería.

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